Escrito por Tendenzias

Nombres, estupideces y diferencias

Adoro determinadas estupideces de los famosos, especialmente ésas que nos recuerdan que ellos son diferentes, que sólo ellos las pueden hacer. Esas cosas que sólo están al alcance de los elegidos, cosas con las que los pobres (en su más estricta definición) y feos mortales no podemos siquiera soñar. Una de ellas son los nombres de pila.

María Tamara del Cebollino Fresco y las Bragas Caídas, a la que sus familiares y allegados llaman Cuqui o Pedro Alfonso Epifanio del Tabique Dorado y la Mano Rápida al que, cariñosamente, llaman Fufi.

Cuqui y Fufi, Fufi y Cuqui, desde la cuna, marcan tendencias. Algo que, cuando uno vive en un barrio normalito, sin llegar a parecerse a ninguno de los que se ven en el San Andreas, lejos de los extremos, ni chabolas ni palacios, en los que las fuentes, cuando funcionan, dan agua y no champán, eso de ponerle nombres extraños a los hijos, no está muy bien visto.

Aparte que no es lo mismo llamarte Apple Paltrow que llamarte Manzana González. Que no queda igual de bien. Y sí, la gilipollez y la estupidez es la misma pero, como suele suceder, es el dinero el que marca la diferencia.

Es el dinero el que establece la posibilidad de castigar a tu hijo con un nombre absurdo, condenándole a pasar una infancia traumática, entre golpes y humillaciones, justificadísimos todos ellos por otra parte, pero equivocados en el destinatario. Deberían ser los padres quienes pagaran su gilipollez y no el niño, que no tiene culpa de tener unos padres así de estúpidos.

Pero claro, como los padres tienen pasta, no son estúpidos. Son románticos. Como si el dinero librara de la gilipollez. La estupidez humana, lo único que es universal de verdad y nos lo quieren quitar. Por ahí sí que no paso.

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